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Un vídeo

con un comentario

-¿Sabes lo que podías regalarme?
-Dime.- Dijo con cara expectante.
-Un vídeo erótico tuyo.

Se lo pensó durante un tiempo. Yo la miraba expectante mientras removía el café con la cuchara, en aquel momento solo había dos cosas que me preocuparan: su respuesta y si había echado demasiado azúcar al café. El resto de mis pensamientos no importaban. Solo esos dos, ni quería ofenderla con aquella proposición ni quería poner cara de asco en aquel momento al beber el café.

-Me lo pensaré.- Respondió con una amplia sonrisa.

Le devolví la sonrisa. No suelo sonreir mucho; desde que en el colegio me pusieron aparato para los dientes no es de mi agrado mostrarlos, por muchos años que hayan pasado.

Aquella sonrisa había sido muy cálida, pero dudaba seriamente que lo hiciera; luciendo una dentadura perfecta me dijo claramente “si si pero ni en broma” .
Me parecía una mujer que emanaba sensualidad por sus poros. Y aunque no había milímetro de su cuerpo que no conociera la idea de verla en un vídeo me excitaba tanto que me trague la vergüenza y respondí a la pregunta de que te puedo regalar por tu cumpleaños.

No me supuso ningún trauma, es más, si hubiera dicho que sí me hubiera extrañado muchísimo. Ya me lo esperaba. Seguimos hablando tranquilamente durante toda la tarde, la acompañé a su casa dando un pequeño rodeo por un parque y me despedí de ella con un beso. No se para que nos despedimos si a los cinco minutos nos íbamos a llamar otra vez.

Mi cumpleaños se acercaba.

El día de mi cumpleaños recibí bastantes llamadas, mensajes y correos felicitándome, y entre todas las llamadas una voz sensual me invitó a su casa. Le dije que la iba a invitar a cenar a un restaurante nuevo, que hacía tres meses que había reservado mesa.

-Que le den al restaurante. Te obligo a que vengas a mi casa, te estoy preparando una cena que ya quisieran los chefs de ese sitio.

Ante tal invitación amenazante, no pude decir que no y a las diez menos cuarto estaba en su portal.

No había ido a cenar a ese restaurante, y jamas he ido pero estoy seguro de que ella había cumplido con su afirmación. Jamas he comido tan bien.

Tras la cena me cogió de la mano, le hizo un corte de manga a los platos sucios y me llevo al salón. Me sentó delante de la televisión y la encendió. Apago las luces y se marchó.

Una de las cosas que me enamoraron de ella es la naturalidad con la que se mueve. Verla salir del salón mientras me sonreía no seria lo mismo ni por asomo si fuera otra mujer. Hasta en lo más mínimo desprendía elegancia, seguridad y estilo. Y ha día de hoy sigue haciéndolo.

Poco después de haber salido de la habitación, en la televisión empezó a sonar una música. La conocía pero estaba tan intrigado por saber que estaba viendo que no me preocupé de adivinar de que la conocía cosa que me encanta hacer.

Apareció una silueta acercándose desde la oscuridad, y cuando claramente era ella empezó a bailar. Al principio le costaba, pero poco a poco se fue soltando. La situación era cada vez más excitante. Se quito la bata que llevaba puesta y quedo desnuda ante la cámara.
Puso sus manos sobre sus caderas y las deslizo lentamente hacía sus pechos. Cerró los ojos y se dejó llevar totalmente.

Bailaba lentamente tocándose sensualmente cada parte erógena de su cuerpo, no había lugar para el pudor; incluso en un momento del vídeo se azoto en la nalga derecha con bastante fuerza, claramente estaba disfrutando.

Poco a poco el vídeo fue volviéndose más explicito pero no perdió ni un ápice de erotismo puesto que cuando parecía que se iba a masturbar explicitamente se cortó la grabación.

Me di cuenta que llevaba veinte minutos con la boca abierta. ¿Donde estaba? ¿Por que no se había quedado conmigo para verme disfrutar de aquella maravilla de grabación?

Se encendió la luz y apareció ella desnuda detrás de mi.

-Ha sido alucinante.- Dije con voz temblorosa incorporándome.
-Gracias, iba a continuar pero pensé que esta parte podías terminarla tu, estoy cansada de bailar.-Dijo con una sonrisa maliciosa.
-Entonces…
-Yo jamas grabaría un vídeo así. La única cosa que puede en esta vida darte placer a parte de mi es tu cabeza. Me parece mucho más bonito saber que has disfrutado viéndome que saber que harás uso de una grabación. Es más, me parecería hasta mal que hicieras uso de una grabación cuando me tienes siempre disponible.- Se acerco y me abrazó. Note su respiración y el sudor de su cuerpo.

Amaneció y los rayos de sol que se colaban entre las persianas nos iluminaron. Desnudos y abrazados encima del sofá, la televisión todavía encendida sin imagen, y mi ropa desperdigada por el suelo creaban una situación en la que parecía que el tiempo tenia prohibido moverse.

Escrito por Alejandro Sáez Morollón

Mayo 9, 2009 a 12:21 am

Escrito en Relatos cortos

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