Opinión Geek

Vagancia

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Llegaba muy tarde, pero era típico en ella. Tenía café suficiente para esperarla durante media hora, después; tomaría más.

Miró por la ventana de la estación de trenes que daba a un puente. Solo se veían pasar coches con bastante prisa, alguna que otra moto y transeúntes paseando por la acera.

Miró a su taza humeante, echo un poco de azúcar, enrollo el sobre con el sobrante, lo dejo sobre el platito y metió la cuchara. Se dibujaron unas ondas en la superficie y el tiempo pasó volando mientras su mirada se perdía en el café.

Estaba donde hacía seis meses había quedado con ella por primera vez para tomar algo. Fue con y sin intenciones. Le gustaba, lo sabía, pero no sabía que ella le correspondía. Se arriesgo.

Fue una bonita temporada, una novia genial. Pero sin saber por que ni en que momento empezó, se cansó poco a poco. Le seguía gustando, pero le cansaba. Así que un día decidió cortar, pasar de ella y seguir su vida pensando que era lo que quería. No sabía si había hecho bien, y a día de hoy tampoco.

Ahora estaba sentado en la estación seis meses más tarde dispuesto a lanzarse a por ella, ya había perdido un tren por tonto y sabía que no quería perder el siguiente. No importaba su respuesta, solo intentarlo. Si no quería, era normal, al fin y al cabo había pasado de ella. Pero si no lo intentaba sabía que cada día de su vida se lo pasaría viendo como era igual que el anterior. Con el hastío de pensar que no llevaba las riendas de su vida. Que importaba la respuesta, lo que importaba era la pregunta.

Miró por la ventana nuevamente y entre la multitud una chica se acercaba corriendo. La vagancia le lleno otra vez y se empezó a arrepentir de haberla llamado.

Un beso enorme en la mejilla le hizo recordar a que había venido.

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Dedicado a un mosquetero con gafas, que se puso a llorar en un tren.

Escrito por Alejandro Sáez Morollón

Septiembre 27, 2009 a 9:39 pm

Escrito en Relatos cortos

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Una respuesta

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  1. Me encanta cuando me pongo en modo escritor fracasado melancólico.

    Alejandro Sáez Morollón

    Septiembre 27, 2009 a 9:44 pm


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