Vagancia
Llegaba muy tarde, pero era típico en ella. Tenía café suficiente para esperarla durante media hora, después; tomaría más.
Miró por la ventana de la estación de trenes que daba a un puente. Solo se veían pasar coches con bastante prisa, alguna que otra moto y transeúntes paseando por la acera.
Miró a su taza humeante, echo un poco de azúcar, enrollo el sobre con el sobrante, lo dejo sobre el platito y metió la cuchara. Se dibujaron unas ondas en la superficie y el tiempo pasó volando mientras su mirada se perdía en el café.
Estaba donde hacía seis meses había quedado con ella por primera vez para tomar algo. Fue con y sin intenciones. Le gustaba, lo sabía, pero no sabía que ella le correspondía. Se arriesgo.
Fue una bonita temporada, una novia genial. Pero sin saber por que ni en que momento empezó, se cansó poco a poco. Le seguía gustando, pero le cansaba. Así que un día decidió cortar, pasar de ella y seguir su vida pensando que era lo que quería. No sabía si había hecho bien, y a día de hoy tampoco.
Ahora estaba sentado en la estación seis meses más tarde dispuesto a lanzarse a por ella, ya había perdido un tren por tonto y sabía que no quería perder el siguiente. No importaba su respuesta, solo intentarlo. Si no quería, era normal, al fin y al cabo había pasado de ella. Pero si no lo intentaba sabía que cada día de su vida se lo pasaría viendo como era igual que el anterior. Con el hastío de pensar que no llevaba las riendas de su vida. Que importaba la respuesta, lo que importaba era la pregunta.
Miró por la ventana nuevamente y entre la multitud una chica se acercaba corriendo. La vagancia le lleno otra vez y se empezó a arrepentir de haberla llamado.
Un beso enorme en la mejilla le hizo recordar a que había venido.
——————————————————————————————————————————–
Dedicado a un mosquetero con gafas, que se puso a llorar en un tren.
Y me cansé de ti.
Hace ya un cacho que la palmaste y sigues ahí, vivo, cual no muerto sacado de tu gran éxito.
¿Y sabes qué? Me cansas. Mucho. Demasiado.
Llevo escuchándote desde que tengo memoria, de pequeño mucho menos (a mis padres nunca les hizo mucha gracia tu música) pero cuando ya crecí un poco cada vez te escuchaba más. Eres un genial extracto de lo que ha significado la música en las múltiples etapas que te ha tocado vivir. Tus canciones tienen toques de todos los géneros. Y tus videoclips son siempre acojonantes. Por desgracia no he tenido el placer de verte en directo.
Pero ahora estas muerto. De a saber que y a saber como (cuanto más amarillo mejor, morbo por el morbo), pero ahí estás. Muerto.
Míralo por el lado bueno: ahora te toca vivir la etapa más larga y tranquila de tu vida. Pero he de decirte que para nosotros las cosas no serán tan fáciles, no durante una buena temporada. Por que pululan gilipollas integrales para los cuales eres su Dios.
Que si, que eres bueno, pero estoy cansado tío. Muy cansado.
Es muy triste que durante toda la vida, cuando hablaba con alguien y salias tu entre mis artistas preferidos, me decían que era por que eras polémico, que no eras bueno, que eras gentuza.
Y ahora estas muerto, y si te escucho o bien es por más y peor de lo mismo o por que soy un acoplado de última hora que me he unido al carro.
No, da la casualidad de que te escuchaba de antes, de que me gustabas de antes y de que desde siempre he sido critico con tus temas. Eres muy bueno, pero sinceramente, no eres el mejor y el indiscutible. Eso si, que conste: tus videoclips siempre me sorprenderán (y tienes cinco o seis temazos de órdago) . Pero ya esta. Has sido uno de los mejores, y te has muerto. No entiendo por que nos atormentas desde la tumba ¿Es por que me baje canciones tuyas? Si comprando todos tus discos originales la gentuza que balbucea constantemente callara, créeme que lo haría. En edición especial si hace falta. Lo juro. Ojala.
Pero no, no callarían ni lamiéndote los gusanos, por que parece que tal y como te ponen el vivir encima de tu lapida les haría felices… Dios, te has muerto, joder lo siento y esas cosas, pero no te echaré de menos como persona por que no tengo ni idea de como eras (se dice, se comenta cosa mala sobre tu persona…), y como artista pues mira, tampoco. Creo que diste al mundo de la música y del cine (has influido mucho en el cine creo yo) todo lo que tenias que dar antes de que la excentricidad y los años te llevaran. Mucho antes de morir ya no eras el mismo. Solo se veía tu mascarilla cuando había juicio, solo se veían tus videoclips en Youtube cuando jugabas demasiado con niños.
Hablemos claro: tus últimos discos eran una mierda. Una mierda muy vendida eso si. Pero al fin y al cabo eran basura. No había por donde cogerlos por muchas estrellas invitadas que sacaras en tus videoclips. Y ahora que estás muerto la gente lo único que hace es adorar su carpeta del disco duro con toda tu discográfica (los que la tienen, estoy seguro que la mayoría tienen alguna que otra canción de machos, de negras busconas, de delincuentes, de miedo y para ya, esto es más que suficiente para matar por ti). Esa gente es la que me molesta, y mucho, tu también muerto viviente, pero tu séquito de fans eventuales mucho más. Esa gente que se compran la cazadora edición limita de Zara e imitan tus pasos, esa gente que se cree con el criterio de decir que los artistas que versionan tus canciones son mierdas y que solo hay una única versión, la que Dios un día durmiendo te susurró al oído.
Iros todos a tomar viento fresco. Yo me quedo aquí un poco más tranquilo tras desahogar escuchando Alien Ant Farm con uno de tus éxitos. Tienes que ver el vídeo, ese crió de amarillo se mueve que da miedo.
Cosas que odia un geek. (I)
#1 Que cuando descomprimo un archivo comprimido con muchos archivos dentro me equivoque en el path. (Véase el punto 5.b del handbook de Gentoo)
#2 Que todo funcione excepto cuando lo necesitas. (Véase el típico programa que nunca usas)
#3 No comentar el código que hago, y luego no saber que hace. (Véase típico trabajo a entregar que dejas olvidado una semana)
#4 No tener batería en ninguno de mis gadgets.
#5 No tener enchufe a mano y/o cargador (Véase #4)
#6 No tener wifi.
#7 Tener wifi y no tener con que conectarme (Relacionado con #4)
#8 Tener wifi, tener con que conectarme y no tener la contraseña (O bien es WPA o bien no tienes el equipo para inyección a mano)
#9 Que los torrents se detengan cuando les falta entre un 5% y un 1% para acabar.
#10 Dejar la Gentoo compilando toda la noche y darte cuenta a la mañana siguiente de que a los cinco minutos de acostarte el ebuild falle (mítico emake || die “emake failed” ) y te retorne el prompt…
Linux for human beings
NOTE: No warranties, either express or implied, are hereby given. All
software is supplied as is, without guarantee. The user assumes all
responsibility for damages resulting from the use of these features,
including, but not limited to, frustration, disgust, system abends, disk
head-crashes, general malfeasance, floods, fires, shark attack, nerve
gas, locust infestation, cyclones, hurricanes, tsunamis, local
electromagnetic disruptions, hydraulic brake system failure, invasion,
hashing collisions, normal wear and tear of friction surfaces, comic
radiation, inadvertent destruction of sensitive electronic components,
windstorms, the Riders of Nazgul, infuriated chickens, malfunctioning
mechanical or electrical sexual devices, premature activation of the
distant early warning system, peasant uprisings, halitosis, artillery
bombardment, explosions, cave-ins, and/or frogs falling from the sky.
Pasamanos
-Yo siempre quise ser pasamanos.
-¿Qué?
-Si si, siempre quise ser un pasamanos. Cuando me muera, me quiero reencarnarme en uno.
-Coño, ¿por?
-Pareces tonto, para que me acaricien la espalda todos los días.
-Curioso.
-Adoro que me acaricien la espalda. No hay nada mejor, y la gente suele tocar los pasamanos. Ergo pasamanos. Pero no una mierda de pasamanos en un edificio donde pasan cuatro amigos, no. Yo un señor pasamanos. De estos que terminan en espiral, que será mi culo lógicamente. Uno de estos laaaaargos, bonitos, grandes, de madera de la buena. Un señor pasamanos.
-¿Pero directamente pasamanos?
-¿Como que directamente? ¿Para qué cojones quiero ser árbol? ¿Para qué me venga a talar un gilipollas con una sierra y mi cabeza termine de papel y el resto en el pasamanos? Si me pasa eso no sentiría nada. Mi cabeza tendría tinta azul.
-Si eres un pasamanos no sientes.
-No no no, yo si voy a ser pasamanos tengo que sentir. Anda ya. Yo un pasamanos guay. Mágico. ¡Eso! Un pasamanos mágico. En un dificio guapo. Que el entorno lo es todo.
-Vamos que te quieres reencarnar en un pasamanos largo, bonito de madera y mágico
-Aja.
-Yo siempre quise reencarnarme en una mariposa, por eso de que nadie sospecha de ella.
-Menuda mierda. Solo tienes tres días de vida, ademas, si eres una de esas asquerosas que solo hacen ruido en plan bruruuururrruuuu es una mierda. Nada nada, me parece que lo mejor es el pasamanos.
-Bueno, yo no quiero ser una polilla diésel, me gustaría ser una mariposa de esas con colores, toda mona ella.
-Sigues en las mismas, tres días y ala, muerta. Pasamanos.
-No si la verdad…
-Y pregúntale a tu padre y veras como siempre quise ser pasamanos.
Comunión civil
Recientemente se ha puesto de moda los bautizos por lo civil. Una moda curiosa sin duda alguna. No se muy bien cual es el propósito… ¿será que si se muere el niño va a parar al limbo de la administración? Debe de ser horrible… lleno de papeles y señores serios haciendo cosas aburridas… Menos mal que para eso, los snobs de los padres que van de transgresores se han inventado el bautizo civil, que ademas de moderno es muy necesario: desde que no existe el limbo (un Papa dijo que no existia un día de risas) el bautizo por lo católico no tiene mucho sentido.
¿Alguien ha pensado en una comunión por lo civil? Una escusa para beber, ponerse ciegos y darle regalos a alguien y todo esto delante de un ayuntamiento; no se aleja mucho de lo que es hoy en día un cumpleaños de un chaval… Me gusta la idea, cuando acaben los examenes de Junio, botell… digo, comunión civil; yo llevo el vozka.
Cuando la gente desvirtúa de esta manera las tradiciones uno no sabe como tomárselo… Si no eres religioso al menos no seas irreverente, una cosa es casarse por lo civil que es algo que comprendo en su totalidad, aunque no se si debería llamarse “casarse” ya que el termino les pertenece (pero que no se enteren que nos hacen pagar canon: Casamiento®); y otra muy distinta es un bautizo: no le veo mucho sentido mojar la frente de tu hijo con la tinta de unos impresos… por que que yo sepa no hay agua bendita en la administración publica, ¿no?
Yo estoy sin bautizar, y por consiguiente tampoco he hecho la comunión ni me he confirmado (aunque si soy padrino… da que pensar…); ¿alguien me sugiere algún tipo de acto religioso que podamos pasar a la versión civil? No, no admito circuncisión, ya existe la versión civil y se realiza en todos los hospitales: pero antes hay que llevar una inflamación en cierta zona y no es algo muy placentero.
Propiedad de…
Estoy seguro de que no es el mejor momento. Muy seguro. Y esa guitarra me lo esta diciendo.
Estoy seguro de que no soy el adecuado. Y ese ritmo lo confirma.
Pero tengo que decirlo. Si no lo hago explotaré.
Y es que esa lata de Coca-Cola estorba en mi mesa. Y es que este portátil estorba en mis piernas, y es que yo estorbo en esta cama, y mi cama en la habitación y la habitación en esta casa que se cae a pedazos. Y es que todo estorba si no eres tu la que lo pone en su sitio, bien organizado.
De todas las canciones que tienen que sonar una y otra vez en mi cabeza tiene que ser esa. ¿Porqué?. ¿Para qué?. ¿Para decirme que eres la más importante en mi vida?. ¿Para decirme que no hay nada ni nadie más en mi vida?. Perdonar señores robots pero eso ya lo sabia, y no hace falta que llegue a la letra, esa guitarra ya me lo dice antes que nadie. Esa guitarra dice más de lo que tendría que decir. Y estas manos escriben más de lo que nadie tendría que leer. Espero que la batería impida que esto se termine de escribir hoy, por que esa canción no dejará de sonar en mis oídos hasta que el portátil se apague. Y si sigue sonando, todo lo que escribiré sera así de difuso. Me gustaría enfocar un poco más estas palabras para que alguien que no este en mi cabeza las entienda. Pero no se si será posible.
No es un secreto que tengo que compartir, es una verdad como un templo que todo el mundo sabe ya. No me importaría saltar entre dientes de león gigantes de color rosa, ni caer desde las alturas rodeándote con mis brazos ¿sabes?. De hecho me encantaría estar en esa constelación perdida en la imaginación de un niño que juega a los muñecos con músicos azules mientras escucha un vinilo que se repite hasta dormirse; me encantaría estar quitando gafas maléficas que anulan la voluntad con una pistola que más bien parece una maquina para poner etiquetas a las cosas, y escribir con ella en mi corazón: “propiedad de…”
Un vídeo
-¿Sabes lo que podías regalarme?
-Dime.- Dijo con cara expectante.
-Un vídeo erótico tuyo.
Se lo pensó durante un tiempo. Yo la miraba expectante mientras removía el café con la cuchara, en aquel momento solo había dos cosas que me preocuparan: su respuesta y si había echado demasiado azúcar al café. El resto de mis pensamientos no importaban. Solo esos dos, ni quería ofenderla con aquella proposición ni quería poner cara de asco en aquel momento al beber el café.
-Me lo pensaré.- Respondió con una amplia sonrisa.
Le devolví la sonrisa. No suelo sonreir mucho; desde que en el colegio me pusieron aparato para los dientes no es de mi agrado mostrarlos, por muchos años que hayan pasado.
Aquella sonrisa había sido muy cálida, pero dudaba seriamente que lo hiciera; luciendo una dentadura perfecta me dijo claramente “si si pero ni en broma” .
Me parecía una mujer que emanaba sensualidad por sus poros. Y aunque no había milímetro de su cuerpo que no conociera la idea de verla en un vídeo me excitaba tanto que me trague la vergüenza y respondí a la pregunta de que te puedo regalar por tu cumpleaños.
No me supuso ningún trauma, es más, si hubiera dicho que sí me hubiera extrañado muchísimo. Ya me lo esperaba. Seguimos hablando tranquilamente durante toda la tarde, la acompañé a su casa dando un pequeño rodeo por un parque y me despedí de ella con un beso. No se para que nos despedimos si a los cinco minutos nos íbamos a llamar otra vez.
Mi cumpleaños se acercaba.
El día de mi cumpleaños recibí bastantes llamadas, mensajes y correos felicitándome, y entre todas las llamadas una voz sensual me invitó a su casa. Le dije que la iba a invitar a cenar a un restaurante nuevo, que hacía tres meses que había reservado mesa.
-Que le den al restaurante. Te obligo a que vengas a mi casa, te estoy preparando una cena que ya quisieran los chefs de ese sitio.
Ante tal invitación amenazante, no pude decir que no y a las diez menos cuarto estaba en su portal.
No había ido a cenar a ese restaurante, y jamas he ido pero estoy seguro de que ella había cumplido con su afirmación. Jamas he comido tan bien.
Tras la cena me cogió de la mano, le hizo un corte de manga a los platos sucios y me llevo al salón. Me sentó delante de la televisión y la encendió. Apago las luces y se marchó.
Una de las cosas que me enamoraron de ella es la naturalidad con la que se mueve. Verla salir del salón mientras me sonreía no seria lo mismo ni por asomo si fuera otra mujer. Hasta en lo más mínimo desprendía elegancia, seguridad y estilo. Y ha día de hoy sigue haciéndolo.
Poco después de haber salido de la habitación, en la televisión empezó a sonar una música. La conocía pero estaba tan intrigado por saber que estaba viendo que no me preocupé de adivinar de que la conocía cosa que me encanta hacer.
Apareció una silueta acercándose desde la oscuridad, y cuando claramente era ella empezó a bailar. Al principio le costaba, pero poco a poco se fue soltando. La situación era cada vez más excitante. Se quito la bata que llevaba puesta y quedo desnuda ante la cámara.
Puso sus manos sobre sus caderas y las deslizo lentamente hacía sus pechos. Cerró los ojos y se dejó llevar totalmente.
…
Bailaba lentamente tocándose sensualmente cada parte erógena de su cuerpo, no había lugar para el pudor; incluso en un momento del vídeo se azoto en la nalga derecha con bastante fuerza, claramente estaba disfrutando.
Poco a poco el vídeo fue volviéndose más explicito pero no perdió ni un ápice de erotismo puesto que cuando parecía que se iba a masturbar explicitamente se cortó la grabación.
Me di cuenta que llevaba veinte minutos con la boca abierta. ¿Donde estaba? ¿Por que no se había quedado conmigo para verme disfrutar de aquella maravilla de grabación?
Se encendió la luz y apareció ella desnuda detrás de mi.
-Ha sido alucinante.- Dije con voz temblorosa incorporándome.
-Gracias, iba a continuar pero pensé que esta parte podías terminarla tu, estoy cansada de bailar.-Dijo con una sonrisa maliciosa.
-Entonces…
-Yo jamas grabaría un vídeo así. La única cosa que puede en esta vida darte placer a parte de mi es tu cabeza. Me parece mucho más bonito saber que has disfrutado viéndome que saber que harás uso de una grabación. Es más, me parecería hasta mal que hicieras uso de una grabación cuando me tienes siempre disponible.- Se acerco y me abrazó. Note su respiración y el sudor de su cuerpo.
Amaneció y los rayos de sol que se colaban entre las persianas nos iluminaron. Desnudos y abrazados encima del sofá, la televisión todavía encendida sin imagen, y mi ropa desperdigada por el suelo creaban una situación en la que parecía que el tiempo tenia prohibido moverse.
Miguel Sebastián: Como hablar sin decir nada.
Hoy nada más levantarme en la televisión una entrevista en Espejo Publico de la mano de Susana Griso, con este personaje. Parece ser que al gobierno se le está agotando la paciencia con los bancos.
La idea de que ahora se ponga en boca de todos que la culpa la tienen los bancos me espanta. Por que no solo la tienen ellos y se está creando una teoría económica en la calle que pone como el mismísimo diablo a los bancos. Tienen mucha culpa, pero el sector de la construcción también. Para rematar la entrevista este hombre comenta que hay que reactivar el comercio comprando productos españoles. Es un poco difícil si en las tiendas ¡no hay!. (No mencionemos que saldría más caro aunque claro, algo de razón tiene).
Este es nuestro ministro de Industria. Desde mis tiempos jugando al Sim City con 10 años no había visto a nadie tan patán. Y mira que yo lleve a mis ciudades a la banca rota.
Ahora mismo acabo de oír a un periodista en Antena 3 (a eso de las dos menos cuarto) decir que había que coserle la boca. Totalmente de acuerdo.
Este hombre es el genial creador de la idea de repartir casi 22 millones de bombillas de bajo consumo vía Correos. Si, consumen menos y la gente ahorraría más, pero bueno, en lugar de enviarlas vía Correos ¿no sería mejor que fomentáramos su venta para que las familias las comprasen ahora que estamos en crisis y hay que reactivar la economía?. También es el de reducir la velocidad de los coches en las entradas a las ciudades un 20% para reducir la contaminación. ¿Nadie le ha explicado a este hombre que un coche a ralentí consume más? Además el foco de contaminación se situaría en las entradas a las ciudades ya que al reducir la velocidad más y más coches se agolparan en las ya saturas entradas a las grandes urbes de nuestro país.
Leyendo la web de idae.es veo más de las famosas propuestas que Miguel Sebastián presenta muy orgullo, aparte de las dos ya mencionadas.
El de: “En las flotas de vehículos públicos en 2009, se introducirá como requisito obligatorio mínimo el 20% de biocarburantes, avanzando al objetivo establecido del 38% en 2012.” es el no va más. No se si saben que uno de los mayores problemas que crearon la actual crisis fue la falta de precisamente los materiales que se usan para los biocombustibles precisamente por imponer su producción. No estoy a favor lógicamente del uso de la gasolina, deberíamos librarnos rápidamente del petroleo, aunque claro; esto no es para nada fácil pero a la larga lo agradeceremos. Pero al igual que no estoy a favor de la gasolina tampoco lo estoy de los biocombustibles, no hasta que no se tenga un sistema mantenible de producción de estos que no afecte a la economía del sector primario mundial.
Eso si, tengo que decir que gracias a Dios no todo son chorradas en su manifiesto de 31 puntos.
Niño grande
Si tenía que pasar, tenía que pasar. No es que fuera de mi agrado pero ¿qué se le iba a hacer?: yo era joven y él demasiado rápido.
Llegué sin una maldita moneda en mi bolsillo. El dinero tiene un efecto curioso, da más cosas cuando no lo tienes, y todas malas.
El deposito de aquel autobús parecía no tener fondo. No sabía cuanto tiempo llevaba dentro sin beber ni una gota de agua y por lo tanto sin ganas de ir al baño. Cuando me baje de aquella lata sin aire acondicionado bebí como un loco del chorro de agua fría que salia del grifo de un baño con serios problemas higiénicos en la ultima estación de autobuses del mundo: La estación del quinto pino. Donde se bajan los que se olvidaron de avisar al conductor de que su parada era aquel arco iris que se veía entre los arboles; si, los que están a la derecha de ese precioso lago.
A mi realmente no se me había olvidado nada. Yo estaba allí por que quería. Quería empezar de cero y no hay mejor sitio para empezar que bajarse en esa jodida estación alejada de la mano de Dios donde el transporte solo llega, nunca sale.
Había caído cerca de ese lago que os digo, dentro de un charco de barro que resultó ser muy profundo y me había calado entero hasta los huesos. ¿Quién me iba a querer lleno de sucio barro? Si ahora ella quería a un tío limpio y reluciente que iba con su traje de ejecutivo y su sonrisa cegadora.
Quiero, que el que lea esto; le ponga un tono amarillento a todo. Cuando me imagine saliendo de aquel sucio baño con la cara húmeda por el agua quiero que le de un tono sepia con machones de humedad en los bordes de la fotografía pues así lo veía yo.
¿Por qué había un charco? No lo se, pero en ese sitio nunca llovía y todo estaba siempre limpio. Fijo que alguien hizo ese agujero y con el agua del precioso lago empapó lentamente la tierra, como si cocinara a fuego lento el más rico de todos los platos; para hacer un charco lleno de barro en el cual yo, que caminaba feliz por aquel lugar; cayera y así tener una escusa para echarme de allí. Eran todo confabulaciones de mi compañera de aquel sitio idílico y del nuevo habitante de sonrisa cegadora.
Cuando me baje en aquella estación lo primero que hice, después de beber como ya dije; fue abrir mi cartera de piel marrón y ver como tenía que obtener un trabajo.
Solo hacía bien una cosa y dudaba seriamente de que en aquel pueblo sin nombre se requerirían esa clase de servicios.
Caminé lentamente con mi mochila en a la espalda, mi chupa dándome calor y las gafas de sol colgando de la camisa; por la acera. Mis pies iban golpeando latas imaginarias y mis manos en los bolsillos me daban una imagen de niño grande que no tiene donde caerse muerto.
Cuando la calle principal empezó a ser demasiado larga levanté la cabeza, lo recuerdo como si fuera ayer; allí estaba el cartel colgando de debajo del alfeizar de una ventana de un primer piso. Mis ojos se iluminaron. Y aunque sabía que nadie contrataría como periodista a un chico de 23 años recién llegado a aquel pueblo de mala muerte que decía ser escritor, había que intentarlo. Solo me quedaba ese sitio. La maravillosa ciudad del arco iris donde caí ya no quería mis servicios.
Aceleré el paso y me plante cual poste de teléfonos delante de la puerta. Daba el aspecto de ser un periódico tan poco importante como el escritor que delante de la puerta se hallaba.
Gire el pomo. Entré.
El aire era más caliente que en el autobús. Me parecía imposible que las dos únicas personas que había dentro fueran obesas. Me acerque a uno de ellos y le pregunté por el jefe. Señaló con su rollizo dedo una puerta de color granate, con cortinas que hacían daño a la vista.
Una hora más tarde salia de aquel despacho con un trabajo de reportero. El aire de la oficina ya no estaba tan viciado. Parecía como que en aquella hora alguien hubiera instalado aire acondicionado o al menos hubieran abierto las ventanas.
Salí feliz. El sol brillaba en lo alto. Lo siguiente era buscar alojamiento.
No tardé en saber donde podía dormir por las noches y ducharme por las mañanas: aquel motel era todo lo que necesitaba.
Sentado en la mesa con mi maquina de escribir, mi tabaco arrugado a la izquierda con el encendedor de plata que mi tía me dejó en herencia y el cenicero de cristal a la derecha las noticias alimentaban el periódico de aquel no tan pequeño pueblo. Una tele en blanco y negro iba poco a poco entrando en la nueva era y emitiendo imágenes a color. Y en la ventana una flor de color amarillo, probablemente un narciso; iba cobrando vida a medida que la ciudad crecía ante mi.
En pocos meses la ciudad tenía un periódico con una plantilla de notable, unos cincuenta periodistas parecían haber surgido poco a poco de las gotas de grasa de aquellos dos gordos escritores a los cuales ya no se veía. Y por fin las cortinas no hacía daño a la vista, es más invitaban a entrar.
El pueblo ya no tenía un tono sepia con machones de humedad en los bordes de la fotografía.
Ahora era toda una ciudad donde antes de llegar a la estación donde todo el mundo quiere bajarse había un lago y un bosque y sobre ellos un precioso arco iris al cual le hacía fotos todos los días.
Pero mi habitación seguía igual. Nada había cambiado. Solo la televisión parecía que no quería emitir en blanco y negro y mi maquina de escribir ya no hacía tanto ruido.
El narciso amarillo estaba allí. Vivo, si; pero no radiante de vida.
Sobre la mesa, en frente de la maquina de escribir un montón de fotos de aquella ciudad que poco a poco iba acogiéndome y a su lado un álbum donde cuando tenia tiempo las pegaba.
Mirando por la ventana el atardecer de una preciosa tarde de invierno mi teléfono sonó.
Una voz familiar de un lejano país donde los charcos surgían cerca de los lagos y te calaban hasta los huesos estaba al otro lado del aparato.
Parecía que a el tío limpio y reluciente que iba con su traje de ejecutivo se le habían roto sus preciosos dientes. Ya no deslumbraban y dejaban ver que era igual que yo, que no era un semidiós si no un simple mortal con las mismas imperfecciones y que no la conocía ni trataba tan bien como yo.
Sonreí al narciso.
-Tengo un álbum nuevo de fotos.
Y colgué.
La noche ya había caído. Mañana compraría los narcisos suficientes como para cubrir mi alfeizar entero y demostrar a mi gran ciudad que aquella habitación era de un hombre y no de un niño grande de 23 años.
